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viernes, 18 de julio de 2008

El Verdadero Juego Venezolano


Alicia le dice al gato: --¿te importaría decirme, por favor, qué camino debo tomar desde aquí? --Eso depende en gran medida de adónde quieres ir, -dijo el Gato. --¡No me importa mucho adónde...! --dijo Alicia. --Entonces, da igual la vía que tomes --dijo el Gato. Añadiendo: ¡Cualquiera que tomes está bien...!


Lewis Carroll
Alicia en el País de las Maravillas


Las nuevas olas de estatizaciones anunciadas por el ejecutivo alarman a todos los venezolanos, pero que no debería asombrarnos; no es la primera vez que se estatiza por “razones estratégicas para el desarrollo de la nación”. En los tiempos de la Gran Venezuela de Andrés Pérez, el mismo argumento sirvió para aumentar significativamente el poder del Estado y reducir el rango de acción de los venezolanos.

No es casualidad que ambos gobiernos (Pérez I y Chávez) recurran a esta premisa en medio de una bonanza petrolera, algo debemos aprender. Hay que estar claro que un político anhela pasar a la historia por sus obras y así ganar apoyo en sus aspiraciones a cargos sucesivamente mas importantes, para esto, en la mayoría de los casos necesitan mayor cantidad de recursos. El hecho que el Estado este conformado por políticos, lleva a que el mismo tenga la característica de ser un maximizador de presupuesto, como Ayala Espino plantea en su Teoría del Estado en la Escuela de la Elección Pública.


En muchas partes del mundo donde el Estado no posee la independencia que brinda los ingresos petroleros existe la necesidad de trabajar en conjunto, entonces, el Estado velará porque los empresarios puedan desarrollar sus empresas y obtengan beneficios, pues, a través de impuestos el Estado podrá disponer de mayores recursos y así tendrá mas herramientas para solucionar problemas y los políticos hacerse un lugar en la historia. Sin embargo en Venezuela no es así, aquí la renta petrolera es el combustible principal de la economía y el juego se desarrolla en función de apoderarse de la misma. Ya en 1945 un ilustre venezolano como Arturo Uslar Pietro se percataba de ello y sentenciaba “El hecho es que el Estado interviene y esta interviniendo en nuestra vida económica, porque nuestra vida económica no es sino un reflejo de la riqueza del Estado… La cuestión vital… no es saber si el Estado debe intervenir o no…, sino crear una vida económica propia y creciente, ante la que pueda plantearse un día el problema de la intervención”.

De esto se desprende que en Venezuela ser competitivos, eficientes, productivos, etc, no determina la suerte del país, por lo tanto las acciones del Estado no estarán a favor de lograr dichos objetivos, pues su futuro no esta ligado al desempeño económico propio, sino administrando la renta petrolera en procura de ganar las próximas elecciones. De aquí nace el “espíritu rentista” donde mediante la manipulación del presupuesto público se trazan alianzas. El Estado “compra” apoyo político y los sectores de la sociedad aseguran su supervivencia, como también plantea la Escuela de Elección Pública. A rasgos macro así se desenvuelve la vida en Venezuela a partir de inicios del siglo XX, un siglo de este tipo de relaciones genera comportamientos propios al sistema, la vida del venezolano gira entorno a tratar de conseguir herramientas que le permitan mascar un pedazo mas grande de la torta, por lo tanto los grupos de presión viven tratando de justificarse como indispensables para el país, pues inconscientemente han aprendido que esforzarse para ser exitoso no necesariamente asegura la supervivencia sino su habilidad para negociar su vida a través del presupuesto. No es por el clima ni por los genes que las elecciones en Venezuela generen tanta incertidumbre, es por lo que esta en juego.

La preocupación por los efectos de este sistema no son nuevos, varias acciones se han ejecutado en función de disminuir la importancia del petróleo en nuestra vida, tratando de sembrar el petróleo, se llevo a cabo un plan de industrialización y de sustitución de importaciones que produjo empresarios rentistas y parásitos del Estado (Naim, 1984) que la ineficiencia empresarial y la posterior competencia internacional se encargaron de llevárselos a la tumba. El talón de Aquiles de estas iniciativas radica en que se plantean dentro de la misma lógica rentista, a través de ayudas de un Estado rentista, he aquí una gran diferencia entre el proceso de desarrollo de los grandes países industrializados y el nuestro, aquellos se enmarcaron dentro de la iniciativa empresarial y que llevo siglos desarrollarse (Baptista, 2006), el nuestro estuvo en manos de la iniciativa política y se pretendió hacerlo en un puñado de años.

Al final se dio a luz a una sociedad dependiente hasta el tuétano que necesita dar el paso, sino creen, un ejemplo, la universidad, ¿como se logran mejoras a nuestro Campus? ¿Por los logros académicos? ¿Con proyectos que se venden a las empresas? ¿Por eficiencia en la administración del presupuesto? NO, sino por su capacidad para negociar con y/o hacer presión al Estado. Si se pretende trasformar este modelo de sociedad debe plantearse de forma sistémica y no acusar las partes (Estado, sociedad civil, empresarios, universidades, etc.) pues todos están jugando el mismo juego con las herramientas que poseen cada uno.

PD: Es necesario conocer a ciencia cierta donde estamos parados, pues este será nuestro punto de partida, y por supuesto, a donde vamos. Si esas premisas son erróneas las políticas que se apliquen no alcanzaran resultados satisfactorios. Si esto pasa, estaremos en la misma posición de Alicia, solo que no precisamente en el país de las maravillas.

José Capote


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