
El paso de los años, trajo consigo el agotamiento del modelo de desarrollo y a la postre las distintas crisis que ha sufrido el país en los últimos años, dichas crisis dejaron sufrimiento y desgracia representadas en el aumento generalizado de las pobreza y falta de oportunidades para el venezolano, que se cristalizo de distintas formas según los sectores, en primer lugar se estudiará la dualidad urbano-rural
Como se puede apreciar en las cifras disponibles, entre los años 1982 y 1988, periodo caracterizado por dos eventos muy importantes, el primero por ser un año antes del llamado viernes negro y el segundo por ser un año antes de la aplicación del plan de ajuste de 1989; se produce el aumento más significativo en el porcentaje de pobres tanto en el ámbito rural como urbano.
El incremento en esos años es de mayor magnitud en las ciudades que en el campo, pues el índice de pobreza urbana se duplica al pasar de 20 al 40%, aun así se observa como en el campo la situación es mucho peor. Ya que en 1982 la mitad de los hogares ubicados en zonas rurales, y luego, seis años mas tarde aqueja a 68%. Sin embargo, vale acotar, que para aquellos años los venezolanos se ubicaban en su gran mayoría en las ciudades. Pues en 1980 el 72% del total ya vivía en las ciudades (Baptista, 1997).
Que el incremento de estos años sea mucho mayor en las ciudades se debe en primer lugar a la crisis del modelo rentista, que se desarrollaba en su mayoría en las ciudades proveyendo de trabajo asalariado bien remunerado a los habitantes de las urbes, que al entrar el colapso comienza a reducir su oferta de empleo y por lo tanto la situación de muchas familias en las ciudades comienza a mermar . Es importante reconocer que es el inicio de la transformación de la pobreza en Venezuela, pues dejará de ser un problema del campo a ser uno urbano.
En 1990 un poco mas de la mitad (52%) de la población urbana no cuenta con ingresos que le permitan desarrollar una vida digna producto del gran impacto que dejó el proceso de reestructuración del Estado, además de la política social, pues la misma da un vuelco de universal a focalizada compensatoria (Alvarado, 2003) aunado al fin de la política de sustitución de importaciones que llevaría a muchas empresas ineficientes a la quiebra.
En el sector rural la pobreza en 1990 llegaría a ubicarse en 75,6%, es decir tres de cada 4 hogares eran pobres. En 1995 se llegaría al máximo de 80,3%, que se convertiría en el punto crítico del fenómeno, pues a partir de la fecha comenzaría una tendencia a la baja que terminaría en 66,8% en 2001.
El proceso de migración rural-urbano podría estudiarse en dos etapas tomando a 1982 como punto de referencia. Antes de esa fecha los venezolanos migraron masivamente a las ciudades en busca de una vida mejor. He allí que la composición poblacional – Según Baptista, 1997- que en 1960 era 52% urbano y 48% rural, se transformara en 68% y 32% respectivamente en 1975 y finalmente en 78,1% y 21,9% en 1995.
Si bien durante los primeros años del rentismo el modelo funcionaba dejó a un cuarto de la población rezagada para 1975 y de esos los hogares ubicados en espacios rurales eran el mas afectado con 52% de sus habitantes en pobreza por solo 17,9% de las ciudades, lo que continuaba siendo un fuerte estimulo para seguir emigrando a las ciudades.
Pero el agotamiento del modelo haría que la condición de las ciudades como refugio contra la pobreza mermara considerablemente, pues con el fin del proceso de sustitución de importaciones, el empleo formal bien remunerado se reducía, unido a esto a la desaparición de los subsidios a los bienes, el impacto de la inflación y la reducción tanto en calidad como en cantidad de los servicios públicos hicieron mas dura la vida en la ciudad, gran parte de los bienes y servicios que el Estado le ofrecía a los habitantes ahora tendrían que costearlos ellos mismos. Todo esto puede explicar el porqué del aumento a partir de 1982 de la pobreza en la ciudad, lo que podría señalarse como la migración de la pobreza a la ciudad.
Empobrecimiento de los más instruidos académicamente
El empobrecimiento del país en los últimos años ha tenido como nuevos actores como bachilleres y profesionales, que durante el buen funcionamiento del rentismo se encontraban fuera del problema. El impacto que tuvo el proceso de empobrecimiento general afectó considerablemente al sector profesional, a punto de erradicar la idea de que con ser profesional se asegura un futuro y una vida digna. Aun así los profesionales siguen siendo el sector de la sociedad menos afectado por la pobreza.
En las cifras se aprecia indudablemente cómo ayuda la educación en la superación de la pobreza. Tomando 1975 como base para el análisis, año de pleno desenvolvimiento del rentismo, la población mas vulnerable a la pobreza eran los hogares con jefe de familia analfabeto (46%), vulnerabilidad de se reducía conforme las personas obtenían mayor instrucción académica, la educación sin duda alguna era el mecanismo de inclusión y ascenso social, al punto que para la fecha aquellos que alcanzaban completar el bachillerato solo el 2% de los hogares era pobre, y en el caso de aquellos que comenzaban una carrera universitaria solo un 1% presentaba problemas de ingresos.
Quienes comenzaban la primaria bajaban la probabilidad de ser pobre a 0.30 y aquellos que la terminaban tenían solo 0.17 probabilidad de ser pobre.
Otro aspecto muy importante son los sectores que lograron completar el bachillerato pues en el modelo rentista si bien su inserción al sistema no era completa, si era de gran magnitud al punto que el porcentaje de pobres de este sector era inferior al 5%, en síntesis el modelo permitía convivir con personas no profesionales pero con un nivel de instrucción medio, es decir, había cabida para aquellas personas que por una razón u otra no pudieron insertarse en el sistema de educación superior.
Esta es la composición de la pobreza en la Venezuela rentista de 1975 en cuanto, prácticamente explicada por la escasa instrucción educativa de algunos sectores. Sin embargo, el colapso del sistema de acumulación genera una serie de consecuencias en sectores que pasan a una zona de vulnerabilidad.
Aún cuando todos los sectores aumentan el riesgo de padecer pobreza, son otra vez los menos instruidos académicamente los más perjudicados. En 1988 la probabilidad de ser pobre de los hogares con jefe de familia analfabeta se ubicaba en 0.63. También aumenta para aquellos que iniciaron la primaria y no la terminaron y para aquellos que si la terminaron siendo 0.59 y 0.50 respectivamente. Pero el cambio fundamental se aprecia en el aumento de la pobreza entre los que tienen alguna experiencia en el bachillerato a 41% y de aquellos que si lograron culminar esa etapa a 25%, cambios muy importantes si se toma en cuenta que durante la época dorada del rentismo estas cifras se situaban por debajo de 10 puntos porcentuales.
En el caso de los profesionales en número de pobres para 1988 se incrementa en 92% con respecto a 1975, representando 13% de los hogares con jefe de familia profesional. Estos cambios producidos en la composición de la pobreza durante la década de los ochenta, ejemplifican el proceso de exclusión que se desarrollaba en Venezuela de forma general pero con mayor énfasis para todos aquellos que no tengan un titulo universitario. En cifras, para 1988, 2.889.839 de hogares no contaban con jefes del hogar profesionales, y de esos 1.908.676 hogares estaban por debajo de la línea de la pobreza, es decir, sus ingresos no le permitían disfrutar una vida socialmente aceptable.
Cifra más que interesante pues el país se acercaba a un nuevo modelo económico donde el proteccionismo estatal era cosa del pasado y el énfasis en la competitividad era preponderante, dicho sistema se basa mayoritariamente en trabajos altamente calificados que son desempeñados por profesionales.
En 1990 otro grupo es absorbido por los problemas de ingresos, en este caso son los bachilleres que aumentan su probabilidad de ser pobres a 0.42, sin embargo, siguen siendo el grupo no profesional menos afectado por la crisis. Un resultado interesante en el análisis es la fragmentación en tres grandes grupos, no bachilleres, bachilleres y profesionales.
El caso de los no bachilleres, el porcentaje de pobres en este sector es mayor al 50%, es decir casi de cada 2 personas 1 es pobre. Para los bachilleres la situación es un poco mejor, pues el porcentaje de pobres se ha situado alrededor del 40%.
En el caso de los profesionales si bien es cierto su situación ha desmejorado muchísimo con respecto a 1975 dentro de la sociedad venezolana son el grupo mejor posicionado e insertado dentro del nuevo modelo económico caracterizado por la apertura económica.
Cecilia Cariola y Miguel Lacabana (2005) en su libro Pobreza, Nueva Pobreza y Exclusión Social, plantean el surgimiento de una nueva pobreza conformada principalmente por la caída de los sectores medios compuesta principalmente por profesionales que se dedican a actividades informales ya que por las transformaciones del mercado laboral y la reestructuración del Estado y sus funciones deben acudir a este mercado, pues hicieron desaparecer el trabajo asalariado como mecanismo de inclusión social (Cariola y Lacabana, 2005) esta nueva pobreza es la que se aprecia en el aumento de la pobreza en los sectores con mayor instrucción académica y que se ubica entorno al 20%. Los autores plantean la necesitad de los profesionales de buscar un trabajo extra, bien sea, en el sector informal o formal. Esto lo asocian con la necesidad de mantener un estándar de vida parecido al que tenían años anteriores, cuando por los salarios reales eran ligeramente crecientes.
En general, se puede apreciar un proceso de exclusión sistemático, en el que los profesionales son los menos afectados en un país como Venezuela, que para 2001, 3.861.057 de sus familias no tenían un jefe de familia profesional y solo 727.815 hogares si contaban con uno.

